Ahora anochece…
Ahora anochece…
Todo se está apagando en Lima.
La noche, las estrellas que desaparecen una a una.
Y yo, en mi rincón, imagino que tus ojos van cerrándose lentamente,
mientras me siento a pensar en ellos.
La respiración va siendo más lenta…
y algo en el mundo se desplaza,
como una luna de canela
que va apagándose en tu piel
mientras te acuestas.
Todo va esperando el amanecer,
entre nubes hechas de esa respiración.
Hasta el zumbido del teléfono,
hasta el mismo sonido.
Las luces de mis faroles anaranjados,
mi propia calle,
mi taza de té,
el humo.
Hasta la noche se va cerrando.
Los ladrones terminan su jornada
y se van enojados a besar esas puertas que santiguan
y siempre cierran con llave.
Y yo sigo soñando, en mi rincón,
que te acaricio la cabeza hasta que te duermes.
Respiro.
Toco suavemente la esfera de cristal.
Hasta los suspiros se van durmiendo.
Los noctámbulos escapan de las carretillas emolienteras,
buscando un mejor amanecer.
Los autos escasean.
Mis faroles anaranjados dejan la calle a oscuras
y el propio silencio se calla,
dejando completamente vacía la ciudad,
incluso de ausencia.
Porque en mis sueños te tengo presente.
En Lima todo se apaga,
menos tus sueños
y mis esperanzas.