Nunca tengo necesidad de nada exactamente, llevo una existencia aburrida, marcada por pequeños rituales diarios, pequeñas maldades leves, pequeños picos de excitación, tiempos violentos (ritual mensual) que nunca son realmente mi culpa, más bien culpa de este tatuaje que solo entiendo por intuición y que suele causar que los demás exhiban lo que realmente desean ser, yo, mujer en shock, me quedo paralizada mientras los problemas escalan.
No puedo evitar llevar los audífonos puestos, me distraen de una realidad que me hastía, me elevan: algunas noches, soy fácil, woh-oh, woh-oh, no acato límites algunas noches, algunas noches…
Pero yo no soy simple, ya lo vas a saber.
Bajo del taxi en plaza San Martín, le tiendo un billete de 10 soles al taxista (eran 16) le acaricio la mejilla con desgana y le digo — Papu no funciona Yape — me alejo lentamente sonriendo mientras lo escucho gritar por detrás de mí — ¡Pero si está funcionando! —
No amigo, nada funciona, nada.
Paso de largo la nueva terraza de luces prendidas que pusieron donde estaba el viejo cine, no estoy vestida, tampoco me gustan esos lugares donde el golpe debe ser ártero, no hay espacio para sutilezas en medio de toda esa superficialidad, La Casona con su bulla y oscuridad es más adecuada siempre, no busco competencia, busco un lugar donde asentarme como polvo sobre libros viejos.
Entro por Quilca, hay maderas tapando media pista al inicio, obras, ahora hay pequeñas carretillas vendiendo trago, con letreros decadentes de neón, he visto emolienteros más decentes, mira hacia abajo antes de terminar de sentirlo, un río de orines que seguro se impregna a la suela de mis tabas, hundo mi nariz en mi hombro que aún huele a clavo de olor, algo bueno tiene al menos este regalo, es bastante fuerte, gente acumulada escuchando a una banda callejera que se consuela con tocar aquí, no tengo idea de a qué suenan, pero puedo deducirlo por como se ven.
El lugar promete, sería tan fácil aquí, pero me da asco pensar en lo que sería de mi ropa después.
Buena chica, siempre más digna que estas cucarachas.
Camino una cuadra más y Camaná se vuelve increíblemente larga, sobretodo por que ya puedo casi probarlo, merma mis ganas de caminar, de moverme por mi misma, me hace anhelar el momento de flotar, arrastrada por una violencia relajante, la entrega al placer de la no consciencia, de la música, de la acción ajena.
Empiezo a intuir tus letras en mi muñeca, no es una espera placentera.
Llego a una puerta familiar, una luz naranja señala la entrada, que veo con horror bloqueada por un insecto excesivamente grande.
— ¡Está lleno! ¡Ya no entra nadie!
¡Conchasumadre! pensé, físicamente enferma por una especie de síndrome de abstinencia que ya está empezando a hacerme sudar, veo el tiempo estirándose en una masa deforme y fría. Siento — por primera vez en mucho tiempo — la tentación de usar la fuerza, tengo la clara certeza de que el subterfugio no va a funcionar con este idiota, pero hay demasiada gente esperando conmigo. Hago un último intento por hallar una solución pacífica, que no me obligue a alejarme del sitio habiendo revelado demás.
— ¡Abre pues idiota! ¡Estamos esperando!
Nada, me ignora, tengo la sensación de agujas en el cuerpo, preciso otro lugar. Cuanto antes.
Regreso por donde vine, del otro lado es más largo, el olor dulzón de mi cuerpo sudado me causa arcadas, me concentro, no puedo correr, incluso en estos momentos, no es solo la dignidad, las piernas empiezan a fallarme, debería estar flotando, debería estar gobernando, huele incluso peor que antes, pero por un segundo…
— ¡No, mierda!
Con lo que resta de mi fuerza de voluntad me arrastro media cuadra más hasta el Kong, evito a un par de vendedoras, evito a un montón de idiotas, veo la cola y ubico a mi victimario, chaqueta apretada, camisa un poco abierta, afeitado por ambos lados de la cabeza, sin barba, seguro es diseñador o una mariconada así.
— Amigo, ¡hazme entrar por favor!
Me clava una mirada escrutadora de pies a cabeza, se nota que le gusta lo que ve, se me acerca, me huele cerrando los ojos durante un par de segundos, temo que se acerque aún más. Solo me dice.
— Hueles rico, vamos.
Lo agarro de la muñeca, le siento el pulso, lo acerco un poco, le repito al oído lo que todos esperan oír.
— Puedo oler más rico, ¿vamos?
Siento su pulso dispararse, siento su excitación, es demasiado súbito, seguro se le ha parado, pobre imbécil.
Le falla la tarjeta dos veces, me mira, trata de balbucear una excusa, le sonrío mientras pienso apúrate mierda mirando al ascensor, puedo sentir a la gente arriba, puedo casi tocarlos, incluso el ascensor es más lento que mi necesidad. Me escupe en un piso lleno de gente, pero también caliente, ya no quiero sudar más, este olor a chocolatada no me abandona.
— Voy al baño, cómprame un Mike's.
Repito por segunda vez en la noche el gesto de acariciar una mejilla sin ganas.
Me voy.
Pobre imbécil.
Sonrío, los miro, gente apretada, incluso en mi penoso estado hago un esfuerzo más por avanzar, pero ya mi pulso está demasiado bajo, necesito la interrupción que me brinda, la muñeca me quema, subo el volumen de mis audífonos seguro están escuchando Morrisey me acerco finalmente al DJ en su casita roja, detengo mi música por un momento y le susurro con autoridad para que me escuche.
— ¿Qué tal si pones algo para hombres?
Es el primero que ofendo directamente, no siento culpa, ya es hora e incluso con su cara de idiota fruncida, no me va a detener de disfrutar esto. Herido en su ego, desconcierta a todos poniendo Enter Sandman, confirmo que no entiende nada acerca de la violencia, activo mi música, me aíslo en la cancelación de ruido, empieza el ritmo, ya no puedo evitarlo. Me lanzo hacia atrás en un gesto de entrega, ya no podré escapar.
Ellos no saben cómo te llamas, yo solo intuyo tu nombre, concédeme este placer de no existir una vez más.
Entonces comienza, el primero me empuja, golpea casualmente a alguien de paso, disfruto el sonido en mi cabeza, solo para mí, All the old paintings on the tomb, they do the sand dance, don't you know? ignoran completamente el mecanismo por el cual funcionan, se caen, conmigo, se levantan, hablan, If they move too quick, they're falling down like a domino por fin estoy flotando, encima del plano. Llego a ellos, los toco con mi piel, comienzan a sentir la urgencia, es mi gravedad que afecta su sangre.
— ¿Qué me empujas huevón?
Se pelean sin entender los hilos invisibles que los mueven, me transportan, empiezan a descubrir otros tipos de desesperación, en la urgencia de sus bocas, de sus manos, por invadir cuerpos ajenos, por sentir la piel por debajo de la tela, me llenan de sus sensaciones, este contacto me transmite lo que sienten, lo que anhelan, me desdibuja y proyecta mis obsesiones sobre ellos. Cual polvo sobre libros viejos, todos ellos son yo en algún momento de esta pausa.
En medio del éxtasis le presto atención a algo cause, ah-ah, I'm in the stars tonight ahora comparto con ellos el aspecto que domina este sitio, la manera en que están aprendiendo a descubrir la urgencia, siento unas manos que me intentan invadir, que buscan algo que no voy a entregar, una boca en mi cuello, se siente bien, muy bien, soy parte de ellos, pero no esa parte, lo empujo despacio hacia atrás pero insiste, me ha visto cerrar los ojos y piensa que es por él, alguien más me empuja felizmente, me cubren más cuerpos, me brindan sus extremidades para alejarlo.
Descubro, de pronto, que la mente también puede jadear.
Quiero mantener esto… esta renuncia… al menos esta noche… eterna… ilimitada.
Y ahora — invadida por este humo que me recorre sin pedir permiso —
Algo retorna. Me arrasa.
So watch me bring the fire and set the night alight
sí… como eso… voy a inmolarme con ellos hasta ver el sol.