Por si te caes, he escrito abajo de ti todas las letras que cabían en el espacio que deja el aire, para estar entre tú y el suelo, tan solo para sostenerte.
He escrito todas las oraciones que sabía, todos los versos y los discursos de la gente que no sabe a dónde correr, que le teme a lo desconocido, solo por si te caes.
He gritado todas las canciones que sabía para que no falte aire al sostenerte. He esperado evitar tu caída y, aunque no pudiera, todas esas cosas que he hecho por ti te salvarían de caer sola, de sentirte triste, aun ahora que caminas en la cuerda floja sin que te ayuden.
Por eso tengo miedo de que caigas demasiado pronto.
Por si te caes, he puesto debajo de ti todas las hojas de mis cuadernos, una por una, para hacer una ruma que evite que te lastimes.
Es preferible hacerlo así, mientras aún estás arriba, antes de gritar tu nombre más veces, porque yo me he rendido.
Aunque he querido ser el beso que nacía de tu boca, solo he logrado robarte besos que no sabían por completo a ti, porque algo aún me escondías en el fondo.
De ahí mi desesperación: no saber cómo estás, no saber si vas a caerte.
He sido precavido. He puesto en el suelo todo eso para que te sirva de colchón, para evitar que te lastimes al caer de ese altar.
Y si aún no fuera suficiente, deshojaría todos los helechos para dejar sus hojas donde vayas a caer.
Sería hermoso, al fin y al cabo, si tú me encontraras del otro lado, aunque fuera yo mismo quien cayera abajo de ti.